Insectos para comer: cómo se cultivan y qué nos aportan

Las granjas fábrica deben garantizar la seguridad alimentaria y la calidad de los insectos comestibles, una interesante fuente de nutrientes
Por Kristin Suleng 15 de diciembre de 2018
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Los insectos comestibles proceden de granjas fábrica que
controlan los requisitos de seguridad y calidad
, como en
cualquier otro tipo de ganadería, y no suelen emplearse hormonas,
antibióticos ni productos químicos, excepto para
desinfectar el entorno de producción entre lotes de insectos.
Su delicada cría en cautividad exige una alimentación basada
en fruta, carne, pan duro e incluso restos orgánicos como la
piel procedente de fábricas de cuero. También debe aplicarse
un minucioso control de la temperatura, el oxígeno y la luz,
que ayuda a prevenir la aparición y transmisión de enfermedades
infecciosas en algunas especies. A continuación veremos cómo son las granjas fábrica de insectos comestibles y qué nutrientes aportan estos nuevos alimentos.

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Imagen: oilslo

Una de la mayores instalaciones de Europa se encuentra
en Francia. En Dole, cerca de Dijon, la empresa Ynsect posee
uno de los mayores centros de producción de insectos del
mundo, centrado en la cría y el procesado a gran escala de la
larva del gusano de la harina -muy común como alimento
vivo
para mascotas y cebo de pesca-. La producción alcanzó
las 400 toneladas en 2017, y se usa para elaborar la harina
de los alimentos para atletas y pienso para la acuicultura y la
alimentación de animales domésticos. Este proyecto destaca,
además, por reutilizar residuos orgánicos (restos de comida),
aprovechando que los insectos tienen el sistema de enzimas
perfecto para «bioconvertir» esos materiales en proteínas.

En la Comunidad Valenciana localizamos uno de los
pocos ejemplos de producción de insectos en España: Bioflytech,
una spin off de la Universidad de Alicante que alberga
la mayor granja de moscas del mundo y que es capaz de producir
dos millones de huevos al día con destino a la polinización
de huertos e invernaderos.

En nuestro país también se encuentran iniciativas para
elaborar y comercializar productos alimentarios a base de insectos,
en formas sofisticadas como la de los aperitivos de escarabajos
o de barritas energéticas para deportistas elaboradas
con harina de grillo. «La mejor manera de introducir los
insectos en el consumo, en un formato donde no se aprecia el
insecto pero sí su valor nutricional, suele ser en barras con sabores
añadidos. Es una manera excelente para que la gente lo
pruebe sin causar rechazo», explica Alberto Mas, director
de operaciones de la firma alicantina Insectfit, la primera
empresa en España que combina insectos y fitness. Debido
a su contenido proteínico, de momento el mercado se está
dirigiendo sobre todo a los deportistas, aunque no sería
extraño que el público objetivo se ampliara en el futuro. Quién sabe
si algún día acabaremos conociendo la tapa de hormigas.

Qué nutrientes nos aporta cada insecto

El aporte nutricional de los
insectos comestibles es muy
diverso, debido a la gran cantidad
y variabilidad de especies.
La mayoría proporciona la
suficiente energía y proteínas
necesarias para la dieta humana,
además de cumplir con los
requisitos de aminoácidos.
Con alto contenido de ácidos
grasos monoinsaturados
y poliinsaturados, estos
seres diminutos son ricos
en oligoelementos (cobre,
hierro, magnesio, manganeso,
fósforo, selenio y zinc), así
como vitaminas (riboflavina,
ácido pantoténico, biotina
y ácido fólico).

  • Los saltamontes contienen
    más del 70 % de proteína por
    cada 100 g, el pollo alrededor
    del 27 %.
  • 100 g de gusanos de harina
    ofrecen 24 g de proteína,
    mientras que el salmón del
    Atlántico solo contiene 20 por
    cada 100 g. Además, tienen la
    misma fibra que las salchichas
    vegetales (2,8 g en cada 100).
  • Las orugas de Mopane
    incluyen 31 mg de hierro por
    cada 100 g, mientras que
    la carne de vaca contiene
    únicamente 6 mg.
  • Las termitas tienen el mismo
    nivel de proteína cruda que
    la leche entera (alrededor de
    16 g por cada 100 de
    producto).
  • Los grillos tienen dos veces
    más calcio que la leche; tres
    veces más hierro que las
    espinacas; y el mismo nivel de
    omega 3 que el salmón. 100 g
    de este insecto contienen 374
    mg de potasio, apenas 11 mg menos que
    un plátano. Y ahí no acaban
    sus beneficios: presentan la
    misma cantidad de proteína
    que dos huevos grandes, y más
    de la mitad de las necesarias
    diariamente para un adulto de
    70 kilos.
  • Las larvas de gusano rey
    tienen la misma fibra que la
    coliflor (2,9 g por cada 100 de
    producto).
  • Las moscas de otoño o de la
    cara
    , en su estado de crisálidas,
    cuentan con la misma proteína cruda
    que el pollo (19,2 g en 100
    gramos de producto).
  • La mosca de la fruta tiene el
    mismo nivel de proteínas que
    los garbanzos (19,4 g de 100).
  • Las larvas de mosca soldado
    negra
    poseen la misma fibra
    que los brotes de soja en
    conserva (2,4 g de 100).
  • Las cucarachas tienen la
    misma proteína que la carne
    de cerdo (20,1 g de 100).


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